A mitad de los setenta
corría el siglo pasado
cuando amaneció la fiesta,
¡ya se había muerto Franco!
Artistas, hippies y gente
recuperaron espacios
y allí ya estaba esta orquesta
para animar el cotarro.
Sobrevivió a la New-Wave,
la Movida Madrileña,
las canciones del verano,
el pasodoble y la yenka.
También al rock català,
al ska y al mestizaje,
al Bacalao, la World music,
al rap y al rock de garaje.
A las áreas de servicio,
la zafiedad y la ignorancia,
los vendedores de discos
y el consumo de sustancias.
A críticos de medio pelo,
a la presión de la moda,
también a varios gobiernos
y a varios papas de Roma.
Y no me quisiera ir
sin rendir un homenaje
a todos los que han pasado
por este cajón de sastre.
Gracias a los que algún día
han estado en esta fiesta
y nos han hecho el honor
de bailar con esta orquesta.